miércoles, 21 de junio de 2006

los 40, la edad reveladora


Dicen que tienes a los cuarenta años la cara que te mereces. Será el momento de mirarse en el espejo y ver cómo se dibujaron aquellos surcos, aquelllos frunces y arruguillas en torno a los ojos, la comisura de la boca y tal vez imaginar si será o no posible enmendar tales estragos.
En este centímetro cuadrado de tu frente ceñuda, el surco de la preocupación empezó a dibujarse allá hacia los treinta cuando perseguías un trabajo o un ascenso y la linea de expresión de la boca torció tu sonrisa cuando descubriste que tu mejor amigo se había largado con el dinero de la sociedad y tu mujer daba inequívocos signos de aburrirse junto a ti.
Puede ser eso o algo similar.

Visualizas al mirar hacia atrás las veces que no hiciste tabla rasa de las decepciones y de los desencantos.
También ves cómo utilizaste a tal o tal otra persona en beneficio propio, o desatendiste tus obligaciones.
O simplemente te olvidaste de quererte sin exigirle nada a nadie, sin pretender gustar.
En pocas palabras, te olvidaste que tenías un alma y apostaste por los bienes del mundo luchando con ahínco para obternerlo casi todo. Te era inconcebible detenerte frente a las flores que bordean el camino cuando ibas a coger el autobús, por miedo tal vez a parecer estúpido, romántico o neurótico. Adoptaste un papel social para impresionar, cumplir con una función que te daba prestigio y esconder tu auténtica naturaleza. Te creaste tus propios enemigos ... En fin , pudo haber sido cualquier cosa.

El caso es que ahora miras un poco nostálgico tu juventud perdida, sobre todo aquella que no has podido conservar porque no te enseñaron a creer en tí mismo.

Pero puedes detener el tiempo. Los cuarenta es una buena edad para comprenderse, un tiempo maravilloso para no ser ni un adulto en ciernes ni un adulto pasado de rosca. Para ver los niños y jóvenes y la generación que te precede con mejores ojos, con más paciencia y sabiduría. Comprenderlos rememorando como fuiste a su edad sin envidiarlos, sin intentar recuperar el tiempo que ya se ha ido sino buscándote en lo más profundo, valorando lo que uno es, lo que uno tiene en el alma, su propio bagaje, importante o no.

Es el momento de la última ruptura si uno es capaz de hacerla y de hacerla bien. Es empezar a comprender todo el potencial creativo, en la vida, las habilidades propias, las ilusiones y los deseos hasta ahora insatisfechos.
Pero si estás muy atado a tus esquemas, la ruptura te podrá doler. Y para cuando llegue el demonio del mediodía, la falta de preparación te hará tomar decisiones equivocadas lanzándote a la aventurera búsqueda de la juventud perdida, tal vez a través del amor, del último espejismo amoroso ... quien sabe.
Puedes lanzar por la borda todo aquello con lo que no estás de acuerdo, todo aquello que aún te impide crecer y te molesta o te frustra o te atenaza ... puede pasar cualquier cosa.
O puedes renunciar al cambio, a la evolución, entonces tu edad no será cuarenta años, habrás optado por la senilidad mucho antes de lo previsto.

Los cuarenta años es la edad de la última oportunidad para una clara, madura e inteligente renovación pero sobre todo para poder estar más en sintonía con uno mismo, con lo que uno es.
A los cuarenta años, tienes la cara que te mereces... Ya lo sabías, no?

J.C.



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