jueves, 27 de julio de 2006

las riendas de mi destino



Las riendas de mi destino
Olvidé que tenía derecho a los sueños, a mis sueños, que son los que cuentan finalmente. Me hicieron creer durante años que debía cumplir con expectativas "socialmente correctas", "familiarmente correctas".
Afortunadamente para mi, bebo en las fuentes de mi propia lucidez.
No quiero impedimentos para lo que quiero hacer, cumplir con mis sueños.
Cualquiera que los levante, tiene los días contados, palabra. Empuñaré todas las armas posibles, hasta el engaño y la astucia si fuera necesario.
Me convierto en la loba que debe cuidar de sus criaturas, entre ellas la creatividad. Todo ha de ser creativo: el pensamiento, el sentimiento...
Todo lo que nace del interior, de la fuerza, a veces de los demonios interiores.
Quiero mirarme al espejo y no avergonzarme de lo que veo. No apartar la vista y como cuando a San José le preguntaron porque su hijo Jesús no estaba ayudándole en la carpintería en vez de retirarse al monte a meditar y áquel respondió "trabajando está, trabajando está", quiero saber que cumplo con mi principal trabajo, el buscarme a mí misma que es como buscar a Dios, lo divino, lo eterno , lo que no puede morir bajo el yugo de las posesiones, del dinero y otras cosas mal llamadas importantes.
Buscaré pues mi estrella prometeica, la que permanece para siempre y bebe de las fuentes del saber.
Es un viaje en solitario, plagado de obstáculos pero serán minimizados por el brillo que ya veo despuntar.
No me tengáis envidia. No se os permite tenerla a menos que seáis unos capullos porque todo el mundo puede ir en busca de su estrella prometeica, aquella que le permite expresarse con todo derecho, en plena individualidad y conciencia, con todas las de la ley. Es casi como una autoridad divina.
Seguramente aparecerán muchas conjuras de necios alrededor mío. Deberé tener paciencia. Deberé tener fuerza, creer en mí. El viaje será posiblemente accidentado, tal vez recoja viajeros,
tal vez me apee momentáneamente, tal vez llore, tal vez quiera renunciar, tal vez me arrepienta...
No puedo saberlo, sólo sé que el fulgor de mi estrella me ciega, me atrae, me da vida, me empuja,
me magnetiza...
Quiero creer que cuento con una especial protección porque creo cumplir con un destino y nada ni nadie podría cambiarlo. Puedo cuestionar algunas cosas, cosas que no me pertenecen, cosas que olvidé hace años, hace siglos, cosas que me sobran, que me pesan pero que ya no recuerdo...
El destino está ahí clamando para que lo atienda, algo he recorrido, claro, no soy una jovencita
pero queda lo más hermoso, lo más pleno (cualquier tiempo pasado fue peor).
Quiero vivir y decirme cada día al despertarme, venga nena, tu destino te espera...no es el destino de los grandes héroes, de los quieros ni los deseos sino de lo que se hace al andar, construyendo, puliendo, afinando, despertando...
Quiero sentir que pertenezco al mundo y que el mundo me pertenece, que está hecho para mí y yo para él pero cuidado!, será mi mundo, no el de los demás, capaz de cohabitar con el de los demás, claro.
Tomaré las riendas pues de mi destino, seré el carro de Apolo, inclinaré la rodilla ante las fuerzas de la divinidad porque a ellas me rindo, ante las fuerzas de mi propio ser divino, rendiré tributo a mi propio dios interiorizado, a mi propio principio solar como una antesala
del tributo mayor, para devolverle el alma algún día a Dios, en condiciones no?, ya me entendéis.
Que no se la lleve el diablo a los infiernos después del trabajo que me ha dado la puñetera para darle forma, color y sentido.
Quiero tomar las riendas de mi destino...

J.C.