jueves, 10 de mayo de 2007

bluesmen

son las doce de la noche y estoy sola en casa y ... me estoy erotizando sola.
Mi partenaire no existe, no hay. Entonces mi imaginación vuela y algo encuentra.
Me erotizan los bluesmen, esos hombres que exteriorizan sus emociones, que se arrancan y no por peteneras, que fruncen el ceño, que arrugan la frente, que invocan sonidos místicos con sus guitarras y parpadean nerviosos y en trance. En trance emocional y lo están expresando en directo.
Para mí, es magnífico, es algo sin par, descubrir que un hombre puede asumir sus emociones, ahondar en ellas, vivir o morir por ellas y no se avergüenza, al contrario.
Oigo sonidos invocadores de antiguos y ancestrales ritos, en tribus lejanas, perdidas, reconvertidas en una desoladora urbanidad y modernidad pero son los mismos que clamaban hace milenios en los desiertos, en las cuevas ...
Son los mismos que los de Abraham al inmolar a su hijo, que Kunta al presentar a su hijo a la divinidad, son los mismos que oimos cada noche, en cualquier rincón de nuestras ciudades podridas e inmersas en la miseria moral.
Y ahí están ellos, los bluesmen, preferentemente de raza negra, con el corazón en la mano, herencia de un pasado lastimero, como la raza calé, instintiva y apasionada para quienes el fondo es más importante que la forma.
Invocando la magia del lenguaje musical en su forma más expresiva, la de las emociones y sentimientos. Hay algo más erótico?
Hombres de bien, de corazón, de amplias y solidarias miras, de dolorosa génesis, de gritos en la noche, en la noche del alma eterna que nos pertenece a todos.
Son los bluesmen, mis amigos de siempre, de algún que otro estoy prendida ... me erotizan ...
Tuliette

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