jueves, 10 de mayo de 2007

fascinada por el mal




una vez leí, hace años, que todos podíamos haber sido Hitler o nazi, teniendo el contexto y las circunstancias a favor, pues si. No es una idea descabellada, todo llevamos adentro el germen del mal, en algún lugar recóndito de nuestra naturaleza animal y primitiva. Tras la sombra de alguna herida personal o colectiva, se esconden los renglones torcidos de la obsesión, de la fascinación por el mal. Es más común de lo que creemos pero no es tan obvio. Permanece en mentes sanas en los territorios limítrofes de la razón y el buen sentido, arropados por la moral y el sentido ético y los principios y la educación. Pueden aflorar, ciertamente, pero la distinción entre el bien y el mal, lo que hace sufrir al prójimo y te recocija a ti, el poder discriminar te hace acercarte a lo que llamamos un ser humano cuerdo y decente. En la vorágine de la prelocura, te podrás reconocer cuando, fascinado por el mal, no comprendes porqué te cuesta hacer esa distinción ...
no poder o saber curar las heridas, las que nos infligimos y las que nos infligen los demás es más que una posible causa de tanta cobardía moral. Ya se sabe, estamos tan jodidos que sólo sabemos joder a los demás.
reconozco que he pasado alguna vez por todo el proceso: estar jodida, joder a los demás y darme cuenta de ello y decirme a mí misma: "Dios mío, ¡qué estoy haciendo!", dar marcha atrás y buscar las razones profundas de mi comportamiento, cosa nada fácil pero cuando lo he conseguido, he visto de nuevo la lucidez aflorar a mi mente, la alegría renacer en mi alma, el alivio sicológico.
cuando digo que puedo estar fascinada por el mal, me veo a mí misma como una espectadora impotente, un animal temeroso que bloquea sus respuestas ante la proximidad del peligro. Rehúyo mirarlo a la cara, me ofende su simple visión pero hace que todas mis células grises se pongan en funcionamiento intentando comprender unas razones profundas que no me pertenecen porque creo haber roto para siempre ese hilo invisible que me unía a los demonios colectivos. Sólo que me producen una cierta compasión, el poder comprenderlo, quiero decir, que a veces ocurre y a veces no. Depende del momento, depende de las ganas.



Tuliette



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