jueves, 10 de mayo de 2007

Ifigenia, la dulce hija ...

Mi mito particular, Ifigenia, la hija de Agamenón y Clitemnestra, hermana de Orestes.
La dulce hija que partió al sacrificio.
Me siento a veces (o desde siempre?) como Ifigenia en Aulide, rompiendo con maldiciones familiares, yendo al supremo sacrificio conciente del valor de su inmolación, salvadora de la patria, de la "fratria" ... sin conocerla realmente, sin saber quién es ni de donde ha surgido pero tan presente como una maldición milenaria de la que me he apropiado muy a mi pesar ...

Mataré a Ifigenia, ahogaré su grito, su lamento eterno. No necesito que ninguna diosa me salve. Me salvaré yo.
Romperé la maldición. Mis hermanos no me merecen, no merecen mi sacrificio. Renuncio. Es más, yo no pedí quererlos, puede que hasta ni los quiera. Ninguna diosa me salvó. Me salvaré yo.

Era la dulce hija, nunca fuí la dulce hermana. Vertieron en mí todas las rabias, todas las necedades. Mis hermanos no me merecen. Ya no quiero ser Ifigenia. (Nunca lo fuí realmente, no me lo perdonan).

Sólo amo al viento, al viento de libertad que anida en mí. No quiero formar parte de una fratría que me ahoga. No sé nadar, he de salvarme.
No me dejaron ser la dulce hija, la dulce hermana. No merecen mi sacrificio. He de salvarme.

Ifigenia, te dejo, para siempre, con tu sacrificio perdido en la historia de las razones malditas.
Ocupa tu lugar en la historia, que yo ocuparé el mío.
Tuliette

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