jueves, 10 de mayo de 2007

via crucis

No soy una experta teóloga ni falta que hace pero a mí me da que en cuestión de religiones, lo importante es siempre en esencia el mensaje. Estamos en Semana Santa y nos toca revivir la Pasión de Cristo. Personaje histórico, profeta o Hijo de Dios, el caso es que su vida pública que ha sido narrada por los Evangelistas desemboca en los días en que Jesús de Nazaret pasó de ser recibido con alegría y honores el Domingo de Ramos a ser crucificado en la Cruz. Como cualquier chivo expiatorio que se precie, como cualquier profeta que vaticina el futuro de la Humanidad, con dignidad y saber, con inconmesurable humildad, con ese hilo de la verdad que cuesta una vida y por la que nace una leyenda … en esos tiempos en los que se cuestiona la muerte y resurrección de Cristo (Cameron, dedícate a contar historias de amor en aguas frías del Atlántico Norte) y aunque así fuera, el mensaje crístico aboga por una dimensión humana jamás imaginada antes. La hermandad, el profundísimo respeto al ser y al alma humana, a los derechos del hombre, la ética humana digno reflejo de la ética divina que lejos estamos aún de haber alcanzado pero que gracias a la venida del Mesías a la Tierra se hizo conciente. Necesitaremos aún muchos siglos para comprender realmente el alcance de las verdades crísticas, corrompidas como bien sabemos por la corrupción innata del ser humano que ensucia todo lo que toca cuando están en juego el poder y la gloria, los privilegios y demás atributos de la materia en su faceta más vil y mezquina.

Soy católica pero no tan ferviente como para ritualizar mi fe. No lo necesito ni ahora ni espero que nunca. Me basta con saber que me anima una cierta honestidad para conmigo misma y con los demás pese a todos los desvaríos y desvíos de la que hace gala mi vida. Pero lejos estoy aún de dar mi mano a un simple desconocido o abrazarlo en aras a una hermandad universal. O de dar la vida por un amigo. O de perdonar de corazón y alma a los que me han ofendido. Lejos estoy.

Y Jesucristo eso es lo que enseñó diciendo muchas cosas, diciendo sólo una a fin de cuentas: tíos, enrrollaros bien los unos con los otros, que la vida pasa factura cuando menos te lo esperas. Advertidos estáis.

Y por esas palabras, van y lo crucifican porque no podían soportar oir las verdades que ofenden y que no son reconocidas y que venga alguien y se las cante en clave de parábolas, menos aún. Ya sabemos que todo grupo, toda sociedad para sobrevivir necesita de una víctima propiciatoria para descargar sus neuras y proyectar la basura.

Su vida privada, de haber existido, poco nos tiene que importar .El mensaje fue lanzado hace dos mil años y lo hemos recogido a trancas y barrancas, con sus altos y bajos la Humanidad desde entonces. El destino del hombre es parecerse a Dios, a un dios de justicia y sabiduría, pues bien nos queda un largo camino por recorrer, de ese modo entendemos mejor aquello que su reinado no tendrá fín porque siempre estaremos mirando su ejemplo de extremo sacrificio y profunda compasión. Santo es áquel que se compadece y sabe sacrificarse porque así lo decide.. Jesucristo murió en la Cruz, coyuntura del momento, ejemplarizando el amor, para abrir los corazones de la raza humana, que comprendiera de una puñetera vez que el alma es inmortal si creemos en la oportunidad que se nos brinda en esta vida de hacernos un poco más justos, un poco más cuerdos. Y por lo que nos toca vivir, ya en la Era de Acuario, es considerar la Humanidad entera como una gran hermandad donde quepemos todos de un modo igualitario y justo. En eso estamos desde los primeros días de la Revolución Francesa aboliendo poderes absolutos y su lema el mejor emblema para intentar reajustar las diferencias: liberté, égalité, fraternité … Después de eso, pasaremos a otra cosa. Bienvenidas sean todas las religiones de este bendita Humanidad que busca más allá de sus oscuros orígenes el devenir para su alma y su condición humana, esencialmente humana.

Tuliette


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