jueves, 20 de agosto de 2009

con suficiente clase



No me dí cuenta cuando apareció … mujer de unos cuarenta, corpulenta, rubia teñida de pelo largo y algo descuidado, sacando pecho para darse aires, traje pantalón negro de domingo y alguna bisutería por ahí colgando … y me miró, y yo la miré y pensé “uy! Qué tenemos ahí” pero seguí comiendo mis patatas bravas pasando de rollos mientras mi amigo J… la invitó a sentarse con nosotros. Le hicimos sitio y empezó a hablar….
En menos de diez minutos, ya lo sabía todo o casi todo de ella: separada, con hijos conflictivos, trabajaba en no sé qué y le gustaba trasnochar con algunas copas de alcohol y volver de mañana a casa. Andaluza de Jaén, afincada en Catalunya, habladora por los codos y a mi parecer una arpía como demostraría algo después. Si el objeto de su codicia era mi amigo J…, sólo tenía que decírmelo, que por mí no había ningún problema pero me hizo gracia al principio su fingido apuro al hablar conmigo y preguntarme sobre mi acento. Ya me había calado, claro. Poca cosa, debió pensar y empezó a meterse conmigo, inocentemente al principio y yo flipà “de qué va esto?” “el imbécil éste encima le sigue el rollo”. Seguí comiendo mi plato de paella y pedimos los postres y las copas. A su segundo cubata, ya se le fue media olla “tú con ese pecho, adónde vas por la vida?”… y me levanté y a punto estuve de embarcarme en una pelea de marujas que luchan por su hombre pero me dí cuenta a tiempo afortunadamente de que no iba a salir bien parada y que en el fondo aquello tampoco tenía que ver conmigo. Otra cosa bien distinta hubiera sido de haber estado enamorada de mi amigo J… pero no era el caso. Sólo comprendí que estaba siendo “objeto de deseo” de la petarda ésa y que eso a él le hacía gracia y se complacía con el cuadro. Tal para cual, pensé, que se disfruten uno al otro … pero hay maneras, verdad? de eclipsar a una rival y eso de arremeter contra sus defectos físicos es de poca mujer. Que cómo lo haría yo? No sé, suelo callarme y observar por dónde van los tiros. Suelo analizar friamente las motivaciones ocultas, que las veo y sopeso si vale la pena o no luchar pero deslucir a mi rival no es mi táctica. Si las cosas van a más y de interesarme salvar mi posición suelo hablar francamente, a los ojos, de mujer a mujer, y decir con voz grave y dramática : yo (a ese hombre) le quiero mucho … y algunas, en otros tiempos, tuvieron la clase suficiente para comprender y alejarse.

Tuliette

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